Marzo 11, 2017
Con un vivero, jóvenes en Cauca, recuperan agua y plantan paz en Colombia



Septiembre de 2015. Dos momentos clave en dos lugares distantes: la sede central de las Naciones Unidas en Nueva York, y el corregimiento de El Rosal en el municipio de San Sebastián, ubicado en el departamento del Cauca, en el corazón del Macizo Colombiano, uno de los mayores patrimonios naturales de Colombia, pero entre las zonas más afectadas por el conflicto armada en Colombia. Mientras líderes de 193 países aprobaban la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la Asamblea General de la ONU y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, en El Rosal, ese mismo mes, hectáreas eran arrasadas por uno de los peores fuegos en los últimos años. Jóvenes de la comunidad, a través de un programa del Fondo ODS, vieron una oportunidad para la recuperación del agua, la protección ambiental y la construcción de paz.


El Rosal, Colombia. Martha Timana Imbachi, Oscar Fernando Hoyos Carvajal, Luis David Lopez and Yecid Alcibar Cordoba en el vivero con el que están recuperando fuentes de agua, promoviendo la paz y generando mayor compromiso con la protección ambiental en la comunidad. © Fondo ODS / Freya Morales

En la comunidad de El Rosal se habla del “incendio de septiembre”, causado por una grave sequía acrecentada por el efecto atmosférico de El Niño. Centenares de familias perdieron sus cultivos de subsistencias, se quemaron bosques y se redujo la fauna local. Pero probablemente la mayor pérdida fue la práctica destrucción de las cuencas de agua de Canguis y Ovejeras, dos importantes ojos acuáticos de los que se abastecían los habitantes de esta comunidad.

El cambio empieza con 50.000 árboles

En medio de esta delicada situación, un grupo de jóvenes estudiantes y docentes de la Institución Educativa Nuestra Señora del Rosario, en el Cauca, identificaron una oportunidad. La institución educativa gestionaba un vivero de plantas autóctonas que, unido a sus conocimientos en materia agropecuaria, podría utilizarse como catalizador para impulsar la recuperación natural de la zona. Para ello, de la mano de Naciones Unidas, los gobiernos nacional y local, y la comunidad, quiénes estaban colaborando en un programa conjunto del Fondo ODS, presentaron su plan: utilizar el vivero como agente de cambio para la recuperación y el uso sostenible de las cuencas hidrográficas y los recursos naturales en el Macizo Colombiano.

Oscar Fernando Hoyos (16 años), estudiante de la Institución Educativa Nuestra Señora del Rosario explica que el principal problema ambiental de esta zona es la falta de agua. Como estudiante estoy muy interesado. El medio ambiente se está deteriorando muy rápidamente y el agua está muy contaminada”. Todo ello agravado tras el incendio en septiembre de 2015. “Se perdieron muchos árboles y quedaron muy débiles los nacimientos agua. Por eso tuvimos esta idea, utilizar 15.000 árboles más para proteger los varios nacimientos de agua”. Gracias al apoyo del programa conjunto del Fondo ODS, y como parte de la estrategia de recuperación temprana, la producción del vivero aumentó de 20.000 a 50.000 plántulas de especies autóctonas, como son el urapán, el guamo, el sauce, guamo o el alí.

Su compañero Yecid Alcibar Cordoba (18 años) recuerda con alegría el día que participó en la firma del Pacto de El Rosal y el día en que abrió el acueducto comunitario, apoyado por el programa del Fondo ODS. Con este pacto, el gobierno local, estudiantes, profesores, comunidad rural y organizaciones de base se comprometieron en el cuidado de las microcuencas de agua y los bosques de vereda. Yecid lo describe en sus propias palabras: “Para poder cuidar las dos microcuencas, darle un mejor funcionamiento, tener un mejor cuidado del agua, aumentar también las especies de planta y poder ayudar para aumentar la cantidad de agua”.

Martha Timana Imbachi (23 años) explica que gracias a esta iniciativa “muchas personas se han concienciado de lo que son las malas prácticas, como es la tala de árboles, o la mala conservación del agua, o el exceso de fertilizantes y el talado indiscriminado y mal del uso del agua. Por medio de la reforestaciones y del vivero, se han dado arboles a personas que han perdido por la quema hace una año”.

Participación comunitaria

Además de una de las áreas de mayor riqueza natural del país, el Cauca es también una de las zonas más afectadas por el conflicto armado interno que ha afectado a Colombia desde hace décadas. Para Homero Rengifo, Secretario de Gobierno de San Sebastián, actividades como la impulsada por la institución educativa Nuestra Señora del Rosario, con amplia participación comunitaria, es la clave para la construcción de la paz. “El incendio ha sido aprovechado como un mecanismo para buscar alternativas de participación y soluciones comunitarias. Naciones Unidas ha logrado crear pequeñas parcelas que van en pro del bienestar alimentario y crear recursos de subsistencias, se ha creado la consciencias de un trabajo participativo por parte de las comunidades“.

Después de años de conflicto, construir tejido social y económico es un desafío. Este es el objetivo del programa conjunto del Fondo ODS “Territorios productivos y con seguridad alimentaria para una población resiliente y en paz, en ecosistemas estratégicos en el Cauca“, implementado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ONU Mujeres, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de alimentos (PMA), y con el apoyo de la Agencia de Cooperación Española (AECID). La población de San Sebastián es campesina, mayoritariamente indígena y su economía en un 95% agropecuaria de explotación tradicional.

El secretario de Gobierno explica que hacer un cambio cultura de explotación de supervivencia a una explotación que genera recursos es uno de los grandes desafíos. La zona ha sido azotada por la violencia, desde el M19, las FARC y los paramilitares. “Se pierde tranquilidad. Muchos salen para no estar en un bando o con otro. Otros abandonan. Se pierde la libertad”. Hasta el municipio tenía que sesionar desde Popayán, la capital del departamento, porque era inseguro hacer en San Sebastián.

El momento de construir paz

Es ahora el momento de reconstruir, de sembrar paz. Y Martha, Yecid y Óscar, son un ejemplo de cómo estos jóvenes, que creen en el futuro de su comunidad, lo están haciendo. Y los Objetivos de Desarrollo Sostenible se han convertido en una llamada a la acción de gobiernos, sociedad civil, agencias de la ONU y sector privado.

Cuando le preguntan a Martha sobre un mensaje sobre los ODS, su respuesta es clara: ¨Que cuidemos la tierra, que cuidemos el medio ambiente, que hace falta para nuestra subsistencia y que si nosotros seguimos deteriorando este medio no vamos a tener este medio para nosotros. No solo es hablar… Ayudar a sembrar un árbol, a cuidar una cuenca, utilizar abonos orgánicos, y cuidar la naturaleza, que cuidemos las especies nativas y que no destruyamos las cuencas de agua que son parte de este territorio¨. En esa línea se expresa Homero Rengifo “Las soluciones del posconflicto tienen que darse a largo plazo, en varias generaciones para vivir en paz, tener una vida digna y cumplir con todas las aspiraciones que podamos tener de una y otra forma”.